México.- En un artículo de análisis, el periódico The New York Times (NYT) estima que el presidente Andrés Manuel López Obrador está cumpliendo la agenda impuesta por el presidente Donald Trump, donde al parecer están buscando no contradecirlo, sometiéndose a su política migratoria de contención, exponiendo a los propios migrantes centroamericanos.
Para NYT, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que cumple tres meses, está cumpliendo con las metas migratorias de la administración de Donald Trump.

El diario sostiene que las autoridades mexicanas están bloqueando grupos de migrantes en las ciudades fronterizas, interceptan a menores no acompañados antes de que puedan llegar a territorio estadounidense y “ayudan a administrar las listas de solicitantes de asilo en nombre de Autoridades estadounidenses para limitar el número de personas que cruzan la frontera”.

En el artículo “¿El sorprendente nuevo aliado de Trump en México? El Gobierno”, se señala que la administración del tabasqueño socava las promesas del gobierno de López Obrador de defender a los migrantes y respaldarlos en su búsqueda de mejores condiciones de vida.

Señala que a diferencia de sus prácticas previas para atender a refugiados, el gobierno mexicano ha permitido que EU devuelva a más de 120 mujeres, hombres y niños a Tijuana en lo que esperan la resolución de sus solicitudes de asilo.

La nota del NYT señala que funcionarios de la Administración federal han dicho que esta postura es una decisión estratégica pensada para no hacer “enojar” a Trump y así evitar una pelea pública costosa sobre el tema, a pesar de que López Obrador indicó durante su campaña presidencial que no iba a cooperar con la agenda antimigratoria de Trump.

“López Obrador, por mucho tiempo defensor de las personas en pobreza y desfavorecidas, suele referirse a sus planes para México como la Cuarta Transformación (4T) del país, con lo que equipara sus ambiciones con las de los grandes líderes históricos de la nación.

Ha impulsado sus credenciales de defensor del pueblo con la reducción de salarios del gobierno, al viajar en aviones comerciales y al abrir al público la antigua residencia presidencial de Los Pinos. También ha reducido drásticamente la cantidad de migrantes centroamericanos que son deportados desde México.

Pero no todo
ha sido transformado.

“Si tenemos que aceptar a un puñado de gente que regresa a México no es realmente un problema para nosotros, ni siquiera en lo político”, comentó al NYT una persona que no tenía autorización para discutir deliberaciones internas.

“Lo que realmente queremos evitar es una pelea pública con Trump”, agregó.

Los críticos denuncian que el gobierno mexicano ha privilegiado las cuestiones políticas y no las humanitarias.

“México sigue haciendo el papel que Estados Unidos cree que debería desempeñar, que es contener el flujo migratorio y ya”, dijo Melissa Vértiz Hernández, secretaria técnica del Grupo de Trabajo sobre Política Migratoria, una red de grupos de la sociedad civil y de defensa de derechos humanos en México.

La primera evidencia de que el gobierno mexicano está sometido son los Protocolos de Protección a Migrantes, la medida de Trump para que los solicitantes de asilo se queden del lado mexicano de la frontera en lo que esperan a que se decida su suerte. Los grupos defensores de migrantes han denunciado que eso implica botar a las personas en zonas violentas de México y que contraviene su derecho a tener asesoría legal y respaldo familiar en Estados Unidos.

“El gobierno de López Obrador, quien antes de llegar al poder indicó que no iba a cooperar con la agenda antimigratoria de Trump, ha seguido la línea de esa agenda en varios frentes, incluyendo el aceptar a las mujeres y niños devueltos pese a las promesas de que solo acogería a los solicitantes de asilo que fueran varones adultos”.

En el artículo se menciona que encontrar ese delicado punto de equilibrio con Estados Unidos ha dejado al gobierno mexicano sin una política migratoria clara o consistente, de modo que los estados y municipios fronterizos se encuentran en la posición de tener que defenderse solos ante presión de sus contrapartes estadounidenses.

Pone como ejemplo que en la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, “prácticamente nadie tiene permitido cruzar el puente para solicitar asilo en McAllen, Texas. Esas personas usualmente son bloqueadas o detenidas por oficiales mexicanos, por lo que los migrantes se ven forzados a probar suerte en otros pueblos”.

Además de que en Piedras Negras, Coahuila, los funcionarios reunieron a cientos de migrantes que llegaron en caravana en las últimas semanas y los mantuvieron vigilados en un albergue con contacto limitado con otras personas, de acuerdo con activistas. Después del furor público ese albergue fue cerrado y muchas de las personas fueron llevadas a otras ciudades y pueblos en la frontera.

“Mientras que el alcalde de Ciudad Juárez ha amenazado con demandar a un gobernador vecino por movilizar a los migrantes a esa ciudad. Se ha vuelto como un juego de pasarse la bola, con los centroamericanos desesperados que huyen de la pobreza y la violencia de por medio.

“En otras partes de la frontera trabajadores de los albergues dicen que manejan listas de solicitantes de asilo por nombre, nacionalidad, edad y documentos disponibles para ayudar a los funcionarios mexicanos que cumplen con los mandatos de la Patrulla Fronteriza estadounidense.

“El gobierno mexicano se ha resistido a Trump de otras maneras, según la persona que trabaja en el gobierno de López Obrador y pidió mantener el anonimato. Esa persona y otras dos que fueron informadas del plan dijeron que su consentimiento a los Protocolos de Protección a Migrantes de Estados Unidos fue hecho solo de manera estratégica”.

Al permitir que el programa iniciara en el cruce de San Diego y Tijuana, de acuerdo con estos funcionarios mexicanos, el desafío legal a las medidas será dirigido a las cortes del distrito federal norte de California, que se consideran liberales. Eso es importante porque los estadounidenses ya buscan cómo derrotar a Trump en las elecciones presidenciales de 2020, en particular para incentivar el voto de latinos y mexicanos-estadounidenses.

Al respecto, autoridades mexicanas han dicho que estas decisiones se toman por razones humanitarias, y además como estrategia para que el presidente de Estados Unidos esté tranquilo, pues afirman que él no cambiará su forma de pensar.

Además, López Obrador ha dicho que se busca evitar un conflicto político con Donald Trump sobre el tema de los migrantes, pues México tiene ya bastantes problemas internos por resolver, por lo que por el momento, a pesar de que muchos como The New York Times lo critica, el gobierno mexicano no quita el dedo del renglón con sus medidas migratorias.