México.- Jorge es un migrante guatemalteco que tiene la esperanza de reunirse nuevamente con su familia que dejó en el estado de Florida, la cual tuvo que dejar por motivos de seguridad, por lo que no brindó más detalles de su identidad; sólo resaltó el problema que enfrenta al tener varios tatuajes en el cuerpo, lo que le ha traído consecuencias ante los policías de Guatemala y México.

Jorge es uno de los 340 guatemaltecos que están a la espera de una solicitud de asilo. Su esperanza le ha llevado a permanecer cerca de 5 meses en la ciudad fronteriza de Tijuana, a la espera de que el destino le brinde una oportunidad. Dicha oportunidad llegó el pasado 09 de abril, cuando una corte estadounidense bloqueó la política del gobierno de devolver a México a solicitantes de asilo mientras sus casos son analizados, una política que el mandatario Donald Trump bautizó como “Quédate en México”.

Por lo tanto, Jorge se ha auxiliado de un abogado de migración estadounidense que le asesora, y quien le ha dicho que sí es posible que se quede en Estados Unidos debido a que ese país no puede negar el asilo puesto que está establecido en convenios internacionales.

En entrevista para Prensa Libre, Jorge señaló que es originario del departamento de Jutiapa y tiene 43 años de edad, quien llego a Tijuana en la denominada segunda caravana migrante, y que desde esa fecha ha estado a la espera de que sea aceptada su solicitud de asilo.

Al principio estuvo en un albergue habilitado por autoridades mexicanas y, aunque le dieron un trato digno, asegura que pasó muchas penas puesto que en el lugar la cantidad de migrantes fluctuaba entre ocho mil y nueve mil. “No tenía ni siquiera en dónde dormir, conseguí una carpa donde me metía, llovía y me mojaba, y muchas veces tuve que soportar frío”.

Jorge ya radicó en Estados Unidos de 1991 al 2007, pero decidió regresar a Guatemala, toda su familia se quedó en Florida y los extraña mucho, porque lleva ya casi 12 años sin verlos.

En Guatemala Jorge se dedicó a trabajar en los empleos que encontrara, principalmente la agricultura, área en el cual sembró unos seis mil árboles en las tierras de su padre. Pero de un tiempo para acá, asegura, le fue muy difícil conseguir un empleo.

El migrante dice que su vida en su país corre peligro porque a causa de unos tatuajes que tiene en el cuerpo y que se hizo al radicar en Florida, pero ahora la Policía local lo considera delincuente, una historia que, afirma, lamentablemente ocurre en muchos países latinoamericanos, incluso en México donde se estigmatiza a una persona solo por su apariencia.