Sri Lanka.- Una ola de ataques terroristas dejó un saldo de 359 muertos y más de 500 heridos en tres localidades de este país, encaminados contra la comunidad católica, siendo que este país es de mayoría budista. Donde por el momento se vinculó al Estado Islámico (EI) como posibles autores, ya que difundieron comunicado donde reivindicaban dichos ataques en represalia por los ataques a las mezquitas en Nueva Zelanda por un extremista blanco.

Fue en pleno Domingo de Pascua o de Resurrección cuando detonaron artefactos explosivos en tres iglesias católicas ubicadas en las ciudades de Batticaloa, Negombo y Colombo; mientras que los hoteles afectados son El Shangri-La, Kingsbury y Cinnamon Grandy; así como tres en zona residenciales (una cerca de un zoológico) en la capital Colombo, dejando el fatal desenlace.

El gobierno de Sri Lanka decretó el estado de emergencia en el país y declaró un día de luto nacional el martes pasado por las víctimas de los atentados, día en fueron enterrados la mayoría de las víctimas.

Hasta 2009, Sri Lanka vivió 26 años de guerra civil entre las fuerzas gubernamentales y los separatistas tamiles del norte de la isla, que terminó con la derrota de los rebeldes, y desde entonces los episodios de violencia étnica y religiosa habían sido esporádicos hasta el domingo anterior.

La autoría

En un mensaje publicado por la agencia de noticias Amaq, afín al grupo, el EI aseguró que la cadena de atentados fue llevada a cabo por “combatientes yihadistas” y que tuvo como objetivo los ciudadanos de los países de la coalición internacional dirigida por Estados Unidos en Siria.
El Grupo Inteligencia SITE, que monitorea sitios web yihadistas, también reportó que el EI se responsabilizó de los atentados, sin embargo, la autenticidad de esta información difundida a través de la red de mensajería Telegram no pudo ser verificada.
La atribución de los atentados por parte del EI tiene lugar un día después de que el gobierno de Sri Lanka culpó a un grupo terrorista islamista local, el National Thowheet Jama’ath (NTJ), de estar detrás de las explosiones, efectuadas con el apoyo de una ‘red internacional’.
Por lo que al cierre de la edición no se había confirmado la autoría, pero por ser dirigidos hacia puntos religiosos de los católicos y por el día específico, se inclina la investigación a que se trató efectivamente de ataques con sentido religioso extremista.
“Hemos recibido información de que este ataque fue en represalia a Christchurch en Nueva Zelanda. Lo estamos investigando”, reveló el viceministro de Defensa, Ruwan Wijewardene, durante una intervención en el Parlamento isleño .
Los ataques en Christchurch ocurrieron el pasado 15 de marzo, cuando el supremacista blanco Brenton Tarrant, un australiano de 28 años, irrumpió con un arma semiautomática en dos mezquitas de la localidad y causó 50 muertos y otros tantos heridos.
“Hubo fallos de seguridad y habrá investigaciones”, manifestó el viceministro, un reconocimiento que se ha repetido entre los miembros del Gobierno isleño, sobre todo desde que se conoció que las fuerzas de seguridad habían recibido información a principios de mes de posibles ataques a iglesias y destinos turísticos.
Hasta el momento, según los últimos datos facilitados este martes por el portavoz de la Policía de Sri Lanka, Ruwan Gunasekara, hay 40 arrestados por su supuesta conexión con los atentados.
Además, el portavoz policial ha solicitado a la población, en un comunicado, “mantenerse en alerta máxima”, ya que sospechan que podría haber “un camión y una furgoneta cargados de explosivos”.

Víctimas extranjeros

Gunasekara informó que entre los fallecidos hay al menos 31 extranjeros, entre ellos dos españoles, un bangladesí, dos chinos, ocho indios, un francés, un japonés, un holandés, un portugués, dos saudíes, dos turcos, seis británicos, dos angloestadounidenses y dos australianos.
Por su parte, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) indicó que 45 niños figuran en la lista de fallecidos.
Los países árabes y la institución de referencia del islam suní, Al Azhar, condenaron los “despreciables y brutales actos” que tuvieron como objetivo a las personas que asistían a misas en distintas iglesias o que se encontraban en hoteles.
Atentados de esta magnitud no habían tenido lugar en Sri Lanka desde la guerra civil entre la guerrilla tamil y el gobierno, un conflicto que duró 26 años, finalizó en 2009 y causó, según datos de la ONU, más de 40 miñ civiles muertos.
En Sri Lanka la población cristiana representa el 7.4 %, mientras que los budistas son el 70.2%, los hinduistas el 12.6 % y los musulmanes el 9.7 %, según datos del censo de 2011.

Familias enteras

En algunos lugares, la violencia sesgó familias enteras. El Domingo de Pascua, como acostumbraban cada domingo, Berlington Joseph Gomez y su esposa Chandrika Arumugam fueron a la iglesia Santuario de San Antonio, en Colombo. Como siempre, llevaron a sus tres hijos: Bevon, de 9 años; Clavon, de 6; y Avon, de 11 meses.
Dos días después, decenas de vecinos lloraban a toda la familia en la modesta casa del padre de Berlington, Joseph Gomez. “Perdimos toda la familia, toda una generación”, dijo Gomez.

Fallas de inteligencia

Al parecer, la información de agencias internacionales de inteligencia sobre los planes de ataque de un grupo local Towheed Jamaar Nacional no llegaron a la oficina del primer ministro hasta después de la tragedia, lo que subrayó el caos político en los niveles más altos del gobierno.
El 11 de abril pasado el subinspector general de la policía, Priyalal Disanayaka, firmó una carta dirigida a los directores de cuatro agencias de seguridad a quienes advirtió de que un grupo local estaba planeando un ataque suicida en la nación.
El reporte de inteligencia que acompañaba a la carta, que después circuló por redes sociales, estaba escrito tanto en sinhala el idioma local como en inglés. El texto se refirió al “National Towheed Jamaar” e informó que estaba liderado por Zahran Hashmi y que tenía como objetivo “algunas iglesias importantes” para un ataque terrorista suicida que estaba previsto que ocurriese “pronto”. El informe nombró a seis hombres que podrían estar implicados en la trama.
El ministro de Salud de Sri Lanka sostuvo una copia del documento de inteligencia el lunes mientras describía su contenido, lo que planteó dudas sobre la labor de la policía para proteger a la población de un ataque.
No estuvo claro de inmediato qué medidas tomaron los responsables de las agencias de seguridad. Disanayaka no respondió a llamados ni a mensajes pidiendo comentarios el martes.