Los abusos sexuales se han normalizado tanto que el abuso sexual a niñas y mujeres que cruzan la frontera, que se ha convertido la explotación sexual en uno de los requisitos a cumplir para poder pasar al otro lado del muro.
La mayoría de estas prácticas son realizadas por los traficantes de personas que los insertan al país, en donde violan y atacan bajo la amenaza de entregar a las migrantes ante las autoridades en caso de protestar o buscar protección por parte de autoridades.
Las mujeres y niñas migrantes, no solamente tiene que lidiar con los coyotes, bandas de traficantes y criminales, tratantes de blancas, también tiene que someterse a oficiales corruptos en México.
Representantes pro migrantes y las estadísticas que reflejan las entrevistas de miles de mujeres y niños demuestran que el silencio que guardan las víctimas se debe a que muchas mujeres tienen miedo a denunciar que fueron violadas, al temor de acusar a los abusadores ya que al denunciar una violación corren el peligro de ser deportadas.
Las mujeres y niñas que proceden de centroamérica saben que hay un peligro y un precio para cruzar hacia Estados Unidos: la de ser violadas.
El sexo se vuelve una estrategia para ellas. Algunas cuentan que piensan librar controles de las autoridades migratorias o policiales, librar asaltos, hacerse ayudar durante el viaje o irse con un camionero de frontera a frontera, a cambio de «favores sexuales».
Con el pasar de los años, el perfil migratorio de la migración centroamericana se ha ido cambiando y modificando ya no solamente es el padre de familia, o el hombre de la familia el que decide emigrar, ahora las mujeres con sus hijos muchos de ellas en brazo, menores no acompañados, familias con niños pequeños y personas LGBTI . debido a esto se convierten en grupos más vulnerables y fáciles de alcanzar.
Los feminicidios y el temor a los mismos se encuentran en el trasfondo de la migración de estas personas. La situación de los niños es similar. Honduras, Guatemala, El Salvador y México presentan cifras que las sitúan entre los países con más feminicidios del mundo y más impunidad al respecto.

Los Zetas y las extorsiones.

La extorsión a la que están sometidas por Los Zetas, la organización criminal mexicana que lidera el terror en todo el país y el norte de Centroamérica. Los Zetas, secuestran a los migrantes que cruzan México y requieren a sus familiares el pago de altas cantidades de dólares, que la mayoría no pueden pagar. Muchas de ellas son obligadas a trabajar en prostíbulos, sumergiéndolas en el mundo de las drogas.
Para las mujeres, las niñas y los/as adolescentes, la amenaza de la violencia sexual está presente a lo largo de todo el camino. Ellas saben que esto forma parte de su viaje al Norte. La violencia sexual actúa de manera directa e indirecta como una amenaza conocida y asumida que circula a través de las redes migratorias
Las mujeres migrantes son obligadas a formar parte de las redes de prostitución y trata de los grupos criminales tras ser secuestradas y ser sometidas a violaciones individuales o colectivas frente a sus compañeros.
En síntesis, la política migratoria de EEUU ha asignado el rol a México de policía fronterizo de los EEUU, a cambio de medidas que sólo se han centrado en proteger medianamente los derechos de sus migrantes y lograr su desarrollo por medio de las remesas que envían a sus comunidades.

Testimonios

• Por ejemplo, Paola, joven salvadoreña de 29 años, viajó hacia los EEUU convencida por su tío quien vivía allí a pesar de que ella no tenía intención de migrar. Su tío quería que fuera a trabajar con él y le puso en contacto con un amigo “de confianza” que también iba a viajar con su esposa, y que en el fondo hacía las funciones de coyote: Una noche, mientras estábamos de camino, el amigo de mi tío me pidió que me acostará con él y con su mujer. Yo le dije que no, le tuve que decir que no varias veces, él había tomado mucho alcohol, e insistía mucho, poniéndose cada vez más agresivo, así que me fui corriendo a mi cuarto y cerré la puerta con llave. Al día siguiente no había nadie. Se habían ido sin decirme nada, dejándome completamente sola y sin dinero ni para hacer una llamada o comer un taco (Paola, 29 años, El Salvador, Estación Migratoria, agosto 2017).

• Llegaron a una pareja de hermanos, él de 17 y ella de 15, y le preguntaron al chico si era su pareja, familiar, y el chico contestó que era su pareja, con la intención de defender a la hermana, entonces les obligaron a tener una relación sexual allí delante de todos en el tren, después de haber tenido la relación sexual tiraron al chico del tren y le volaron la cabeza en las vías del tren, y se llevaron a la chica que no volvimos a ver.… (Karina, garífuna, Hondureña).

• Estaba oscuro en la casa clandestina donde la tenían retenida; todas las ventanas estaban cubiertas para que nadie pudiera asomarse. Primero, los contrabandistas la hicieron cocinar para los demás migrantes que habían cruzado ilegalmente hacia Estados Unidos. Luego, la llevaron al segundo piso, cerraron con llave la puerta de la habitación y se turnaron para violarla.
Durante las semanas que estuvo encerrada en aquella habitación, los hombres a los que les había pagado para que la ayudaran a llegar a salvo a territorio estadounidense la drogaron con píldoras y con cocaína; no le permitían salir ni siquiera para bañarse. “A veces creo que, en cuanto me metieron al cuarto, me mataron”, dijo Melvin. “Nos violaron tantas veces que ya ni nos veían como seres humanos”.

• Me preguntaron de qué nacionalidad era, les dije que de Honduras entonces me dice: ven conmigo, me agarra la cabeza, me agacha y me saca de la casa y me sube a un carro negro, nos llevan a otra casa. Me taparon los ojos con tape gris y una persona de sexo masculino me dio vuelta y me bajó el pantalón y me violo, le dije que yo andaba en mi periodo y me dejó», declaró durante la audiencia de vinculación a proceso de los acusados en Ciudad Juárez.