Por Miguel Mejía H.

Bolivia.- Esta semana la crisis política en este país se acrecentó luego de que el presidente Evo Morales fuera forzado por militares y policías a dimitir, lo cual fue aprovechado por la oposición para llegar al poder. Los militares que indicaron que buscaban la paz del pueblo salieron a las calles y continúan las protestas.
Todo inició con el intento del presidente, de origen indígena, Evo Morales Ayma por buscar la reelección en un proceso efectuado el pasado 20 de octubre, donde el programa de resultados preliminares apuntaba a una victoria cerrada del mandatario, lo que implicaría una segunda vuelta electoral; ya que en ese país andino se establece que en caso de no alcanzar el 50 por ciento más uno de los votos y no supera por diez puntos al segundo lugar se deberá convocar a una segunda vuelta.
Sin embargo, el programa de resultados preliminares se desactivó y al final Morales Ayma supero por décimas ese diez por ciento contra Carlos Mesa, lo que generó inconformidad y desconfianza por parte de la oposición, quienes al formalizarse el triunfo del mandatario desconocieron los resultados y salieron a protestar bajo la bandera de un supuesto fraude electoral.

Y ahí comenzó la zozobra

El martes 22 de octubre varias fuerzas de oposición hacen un llamado a la huelga general para tratar de hacer renunciar al presidente y que se convocaran a nuevas elecciones.
El miércoles arrecian las protestas y se informa que hay manifestantes heridos, al chocar opositores con simpatizantes del gobierno.
El jueves 24 de octubre Evo Morales acude ante la Organización de Estados Americanos (OEA) para denunciar que se estaba preparando un golpe de Estado para derrocarlo del poder.
La polarización siguió, luego de que Morales confirmara su triunfo y se proclamara como ganador de los comicios. La división interna estaba dada pero también empezó a afectar a la comunidad internacional. Mientras que el gobierno mexicano reconoció el triunfo, su similar brasileño se negó a reconocerlo.
El gobierno de Evo respondió que ya estaba dado el triunfo y si quería la oposición se podría contar voto por voto para darle certeza a su elección.
En bloque Argentina, Colombia y Estados Unidos solicitaron que se efectuara la segunda vuelta electoral. Además de que el gobierno brasileño de Jair Bolsonaro se pronunció por desconocer el triunfo de Morales hasta que no hubiera una auditoría electoral, con la participación de observadores internacionales.
Finalmente, el primero de noviembre, el Tribunal Supremo Electoral oficialmente le dio el triunfo a Evo Morales oficializando la ventaja de poco más del diez por ciento de la votación, por lo que no se convocaría a segunda vuelta.
Un día después dirigentes de comités cívicos le dan un ultimátum de 48 horas a Morales para que renuncie a su cargo y llaman a las fuerzas armadas a unirse a su reclamo. El líder del Comité Cívico Pro Santa Cruz, Luis Camacho, se convierte en una de las caras más radicalizadas de la oposición, quien a la posteridad se le puso el sobrenombre de el “Bolsonaro boliviano”, quien ha sido acusado de ser admirador del exlíder del cartel de Cali Pablo Escobar, así como ser un empresario radical.
Las protestas continúan y en una de ellas una alcaldesa fue vejada y le arrojaron pintura roja y la obligaron a caminar por las calles.
Ya para el viernes 8 detonan dos motines en cuarteles policiales, como una sublevación en contra del gobierno. Por lo que Morales denuncia la intentona de golpe de Estado que se fraguaba desde los opositores a otras fuerzas conservadoras.
Un día después, el ganador a la presidencia de Argentina Alberto Fernández mostró su respaldo al mandatario de Bolivia “ante el intento de interrumpir el orden constitucional” y adviertió que la región y la comunidad internacional deben “actuar ante cualquier hecho que implique un quiebre institucional”. Morales, por su parte, llama a la oposición y las Fuerzas Armadas a entablar un diálogo. Los partidos opositores rechazan el llamado y exigen la renuncia.
“Hermanas y hermanos pido bajar la tensión, tenemos la obligación de pacificar a Bolivia. Hago una convocatoria al respeto entre familias, a propiedades privadas, autoridades y a los sectores sociales; todo lo que tenemos en Bolivia es el patrimonio del pueblo”, indicó Morales a través de Twitter.
Asimismo, indicó: “Hemos estado en el Gobierno 13 años, nueve meses y 18 días gracias a la unidad y voluntad del pueblo Nos acusan de dictadura los que perdieron ante nosotros en tantas elecciones. Hoy Bolivia es una Patria libre, una Bolivia con inclusión, dignidad, soberanía y fortaleza económica”.

La renuncia

Ese mismo día, finalmente Evo Morales anuncia la convocatoria a un nuevo proceso electoral, donde se designará un nuevo tribunal electoral para dar certeza en el nuevo proceso, intentando así querer legitimar su posible triunfo.
“Al convocar a nuevas elecciones nacionales garantizamos que el pueblo de manera libre, democrática y pacífica, mediante el voto, elija a sus nuevas autoridades incorporando a los nuevos actores políticos”, indicó.
Sin embargo, militares y policías exigieron la renuncia del mandatario:
“Luego de analizar la situación conflictiva interna, pedimos al presidente del Estado que renuncie a su mandato presidencial permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad, por el bien de nuestra Bolivia”, dijo el general Willimas Kalima ante la prensa.
“Nos sumamos al pedido del pueblo boliviano de sugerir al señor presidente Evo Morales que presente su renuncia para pacificar al pueblo de Bolivia“, declaró por su parte el comandante general de la Policía, general Vladimir Yuri Calderón.
Ante la presión, el presidente decidió anunciar su renuncia a la presidencia.
“Renuncio a mi cargo de presidente para que (Carlos) Mesa y (Luis Fernando) Camacho no sigan persiguiendo a dirigentes sociales”, dijo Morales a través de la televisión, aludiendo a los líderes opositores que convocaron protestas en su contra, desatadas el día siguiente de los comicios del 20 de octubre.
“Mi pecado (es) ser indígena, ser cocalero”, afirmó, agregando que su renuncia “no es traición a los movimientos sociales”, pues “la lucha sigue”.
Asimismo, indicó que la policía había girado una orden de aprehensión en su contra, lo consideró como ilegal, ya que no partía de las autoridades judiciales.
También denunció que su casa y la de una hermana habían sido saqueadas e incluso habían intentado incendiarlas por parte de los opositores.
El gobierno mexicano ofrece asilo político al ahora exmandatario, por lo que tras lograr el salvoconducto requerido Evo Morales llegó a tierras mexicanas.
Aunque no había quien supliera al presidente, ya que ninguno de los posibles a sucederlo seguía en funciones, el pasado martes 12 de noviembre se autodesignó como presidenta interina la senadora Jeanine Añez, quien dentro de sus primeras declaraciones indicó que convocaría a un nuevo proceso electoral.
Ahora los simpatizantes de Evo Morales salieron a las calles masivamente y las protestas se han ido acrecentando.