En la atmósfera sociopolítica que convulsiona varios estados latinoamericanos, sus indicadores demuestran la desconformidad de los pueblos ante los gobiernos incompetentes alimentados por la avaricia y el poder.

El barómetro político marca la temperatura a cuarenta grados en medio de un clímax social en donde el excitar de los pueblos del cinturón de la américa del sur hace temblar a las clases políticas y dominates.

En Chile, Bolivia y Ecuador se han presentado intensivas protestas contra los Gobiernos y sus las fuerzas policiales y militares que han salido a las calles, a reprimir los pueblos tratando de frenar las manifestaciones, lo que ha generado decenas de muertos, heridos y cientos de detenciones.

Conceptualmente la democracia envuelve ideales y condiciones favor de los pueblos. Es un proceso social en permanente edificación mezclando la libertad y la justicia. Que sienta sus bases a través de la convivencia y garantías para una nación.

Parece inverosímil que con la evolución de los derechos humanos a esta altura de la trasformación de la humanidad. Se les limite a los ciudadanos el derecho a hacerse oír por quienes les gobiernan, y los llevan a límite de la represión a atravez del uso inadecuado y abusivo de los poderes públicos.

El eje central de la democracia es el ser humano, a quien le son innatos los derechos humanos y las responsabilidades ciudadanas que tengan que cumplir para ser crecer su patria. Tal parece que la defensa de los derechos humanos como la libertad, igualdad y fraternidad que marcaron pauta en tiempos pasados, han quedado en el olvido y solamente plasmados en papel como figura decorativa de la historia de la humanidad.

La desigualdad social y económica que se apodera de la América latina, en donde las clases dominates políticas se proliferan como termitas en aserradero nuevo, aplastan a los más pobres negándose a dejar de reinar en las mieles del poder.

La protección de los derechos humanos sigue sin agendarse en las prioridades de los mandatarios latinoamericanos. La corrupción, intimidación, el abuso, el respeto a la libertad de expresión y la discriminación de la mayoría de la clase desposeída, se han incrementado de manera brutal.

La implementación de nuevas leyes sigilosas que elevan nuevas tácticas represivas a nivel de periodistas y las fuerzas militares que últimamente se les entrena para atacar al pueblo y reprimirlo de forma sanguinaria.

En América Latina se está floreciendo con nuevos actores de biografías, que perduraran en el baúl de los recuerdos, de una población que buscan ser generadores de cambios positivos para sus futuras generaciones. Estas nuevas almas llenas de sed y justicia que contemplan en su lucha un nuevo rumbo político para el resurgir de un nuevo sistema económico, que sea orientado a nuevas estrategias públicas para mejorar las situaciones de precariedad.

Los gobiernos son los generadores de la corrupción, el despotismo, la inseguridad, y la violencia que se han apoderado de una América que se contamina cada dia más de los más humildes y desprotegidos.

Que las ideológicas perversas de los políticos podridos y las clases sociales desiguales y más privilegiadas han infectado, acentuando más la pobreza tratando de exterminar la clase pobre o baja para convertirlos en miserables hundiéndolo es cada dia más en los cinturones de pobreza extrema.

Las elecciones electorales en algunos países de Sudamérica, han traído consecuencias diversas, de todo tipo en diferentes escenarios, los malos sinsabores de boca quedaran plasmados en las memorias de todos sus guerreros en un invierno que parece alargarse más.

Estas son las enfermedades que siguen fatigando la región latinoamericana y derivan en desconfianza, enemistad, antipatía y descontento con el sistema político que se reúsan a desistir para ver una américa latina prospera. Estas circunstancias crean un escenario perfecto para el despertar de los pueblos y surgimiento nuevas democracias que se han efectivas y trabajen a favor de los ciudadanos.