Esta pandemia transmutada de carácter dramático nuestras rutinas, nuestra vida social, nuestra manera de manejarnos con nuestro día a día, en definitiva, nuestras vidas. También ha puesto frente al espejo una cruda verdad: la fragilidad del ser humano. La otra cara de la moneda estimula y limpia con fuerza toda esa realidad tan gris, y es que las personas somos capaces de dar el todo por el todo, de arriesgar sus vidas para cuidar a otros.

A todos los trabajadores sanitarios, médicos, enfermeras y enfermeros, auxiliares, a todo el personal que esta en las calles arriesgando su vida, para salvar a los demás a los que no miran su familia, por cuidar a la nuestra, los que duermen cuatro horas cuando mucho, por estar cumpliendo con sus labores.

Ellos perfilan en la primera línea de riesgo de trabajo imprescindible en estos momentos, los héroes detrás de la mascara que se exponen inevitablemente a un posible contagio,

En estos días de pandemia del temido coronavirus, la mayoría estamos en casa escondidos, escasean las mascarillas, se habla de la dureza del trabajo de usar la bata y mascarilla durante la jornada de trabajo por el personal sanitario, los médicos se exponen con jornadas extenuantes

Hay otras personas, que también visten de bata blanca, de diferentes colores y otros desafortunadamente no usan mascarilla y además son las que desinfectan la camilla, el suelo, las paredes. Son trabajadores trabajo incansable que se multiplica estos días. Sin estas personas el hospital sería, además, el medio perfecto para la expansión del virus.

Aquellos que están el supermercado trabajando sin parar para surtir y los anaqueles llenos de comida, aquellos que están el restaurante para preparar tu comida, el muchacho que la traslada hacia tu casa, ellos también son verdaderos héroes.