Por Miguel Mejía H.

El Salvador.- Todo inició debido a que se tenían indicios de que pandilleros de la Mara Salvatrucha (MS) habían establecido un plan desde las cárceles para incrementar los índices delictivos en el país, lo que dio pie a que el gobierno tomara medidas preventivas, pero al revisar las medidas se cuestiona que se están violando los derechos humanos.

Según estimaciones, hay cerca de 70 mil pandilleros en el país, de los cuales cerca de 12 mil están en prisión. Hasta ahora, estaban separados por bandas, pero ahora comparten el confinamiento que, por definición, supone estar entre rejas.

En los últimos días ha habido un traslado masivo de presos. Desde 2002, se repartía en diferentes centros en función de la “mara” a la que pertenecían. Ahora, el presidente del país, Nayib Bukele , ha decidido mezclarlos . El orden se emitió después de que el viernes hubiera 24 asesinados en el país, cuando la cifra diaria había bajado a dos .

Bukele afirmó, como es habitual, desde su cuenta de Twitter, que la policía ya había detenido muchos de los autores de los asesinatos y muchos de los que les ordenaron, y remarca que harán todo lo posible para que “los que han cometido estos homicidios se arrepientan toda su vida de haber tomado esta decisión”.

El presidente aseguró que “ya ha salido la primera banda que ha dicho que ya no matará salvadoreños, faltan dos”. Es un mensaje que comparte con un vídeo donde supuestos miembros de esta banda -la facción del sur de Barrio 18 -explican que no son responsables del aumento de asesinatos en el país.

“En la calle, seguimos capturando a todos los cabecillas de las 3 pandillas, ellos irán a esas celdas selladas, el pandillero que ponga resistencia será abatido con fuerza proporcional y posiblemente letal por nuestra fuerza pública”, expuso en Twitter.

“Dejen de matar inmediatamente o los que pagarán las consecuencias serán ustedes mismos y sus homeboys. Están cerca de ustedes, de sus casas, de sus caletas, les quedan algunas horas…”, indicó el presidente.

Asimismo, hizo la promesa de parar los homicidios. “No sería la primera vez que lo logramos”.

Y resaltó: “Vamos a hacer que los pandilleros que cometieron esos homicidios, se arrepientan toda su vida de haber tomado esa decisión”.

Las dos bandas que, según Bukele, falta que se comprometan a frenar el incremento de violencia homicida son otra facción de Revolucionarios de Barrio 18 y la Mara Salvatrucha (MS13), la más numerosa .

El gobierno está convencido de que las “maras” han incrementado la violencia aprovechando que las fuerzas de seguridad han rebajado la presión , ocupadas en la lucha contra el coronavirus . Por ello se ha decidido endurecer la situación de los reclusos, y evitar que dirijan las bandas desde el interior de los centros.

Dentro de las medidas, se ha considerado que mezclar miembros de diferentes bandas los neutralizará. No obstante, se considera también que se unirán en la adversidad. La Comisión de los Derechos Humanos de El Salvador denunció que esta medida es una bomba de relojería, y dice que o bien se matarán entre ellos o bien, con estas celdas superpobladas, lo hará la Covid-19.

La medida carcelaria también responde a un intento de bloquear el complejo sistema de comunicación por señas creado por las pandillas al interior de la cárcel, a través de ese lenguaje, afirmó Osiris Luna Meza, viceministro de Justicia y Director General de Centros Penales, se ordenan asesinatos para cometer en el exterior.

Las “maras” es un fenómeno que se considera como una herencia de la guerra civil salvadoreña (1980-1992) y que se fortaleció con la deportación de miembros de las bandas desde los Estados Unidos. Han resistido ante diferentes planes de seguridad de encarcelamiento masivo, enfrentamiento directo y diálogo de los últimos cuatro gobiernos.

Dichas pandillas habían logrado apoderarse de gran parte del territorio nacional, por lo que desde su campaña el presidente se comprometió a combatirlas, y le estaba dando resultados, ya que se logró el año pasado reducir considerablemente el número de homicidios, cuando era uno de los países con más altas tasas en el continente. Por ello, la administración de Bukele ha tenido como bandera una política de seguridad, basada en el incremento del gasto militar y en el control en las cárceles.

Sin embargo, desde el sábado hasta el lunes, se habían contabilizado 74 personas asesinadas, en medio del confinamiento por la crisis del coronavirus.

Hasta ahora, El Salvador tenía una media de 3,5 homicidios por día, lo que representa el registro más bajo de muertes, en un país que promedió 325 asesinados por mes durante los últimos diez años.

Los ajustes

Las medidas comenzaron de inmediato para reforzar y sellar (aislar) a esa comunidad carcelaria que son los integrantes de las pandillas.

El lunes, la Secretaría de Prensa de la presidencia, informó que: “Desde tempranas horas, en el Centro Penal de Ciudad Barrios se implementan las nuevas medidas de aislamiento en las celdas de seguridad y máxima seguridad, sellándolas para evitar que los privados de libertad relacionados con pandillas tengan comunicación entre sí”.

Indicó además que las medidas respondían a las instrucciones del presidente sobre el aislamiento de reclusos relacionados con pandillas que se ha intensificado, “tras detectarse que estos han ordenado un incremento de los asesinatos en los últimos días. Ahora se busca evitar el contacto visual entre ellos”.

Los anuncios iban acompañados de fotografías donde se ve como reforzaban las puertas de las prisiones.

Bukele caudillo: HRW

Desde la organización defensora de los Derechos Humanos denominada Human Rights Watch (HRW) ya se está comparando Nayib Bukele con un caudillo y se alerta del riesgo de que convierta el Salvador en otra dictadura de América Latina.

“Si Nayib Bukele continúa por el mismo camino, se graduará muy pronto de caudillo. Tenemos la obligación de hacer todo lo posible por evitar que El Salvador se convierta en otra dictadura latinoamericana”, dijo la organización, también a través de su cuenta en Twitter.

Las imágenes de presos en ropa interior, con cubrebocas, hacinados en los pisos de las cárceles y completamente incomunicados, ha escandalizado a las organizaciones en que defienden los Derechos Humanos y la dignidad de las personas privadas de la libertad.

“Bukele pretende darle carta blanca a miembros de la fuerza pública para matar. Sus órdenes a la policía y fuerzas armadas contradicen los estándares internacionales. Bukele parece decidido a convertirse en un verdadero autócrata”, abundó José Miguel Vivanco, director de HRW para América.

Vivanco resaltó que el Gobierno de Bukele, “además de autoritario y polarizante, estigmatiza sistemáticamente a los órganos de control judicial en El Salvador”, y aprovecha los días de pandemia “para degradar más la democracia” y “concentrar poder y autorizar violaciones a los derechos humanos”.